Me apresuro a adentrarme
en tu alma y en tu conciencia,
a lamer y a relamer
tus intimidades, tus miedos,
tus aciertos, tus errores,
tus virtudes, tus defectos
y tu talento.
Disfruto metiendo los dedos
en tus cicatrices y en tus llagas.
Disfruto provocando tu placer,
tu dolor y tu agonía
mística, frente al espejo.
Al final, siempre te encuentro.
Ahí renaces pleno,
tú mismo, desnudo,
entregado, deshecho,
auténticamente tú.
Y de vez en cuando...
privilegio, maravilla, tortura,
tormento y desvelo...
afortunadamente solamente
mío.
Blanca Flores, inédito.
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